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ABOUT ROMANO & DANIELS
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La horizontalidad
como eje
fundamental
La relación entre terapeuta
y consultante
Cuando pensamos o tomamos la decisión de asistir a terapia, generalmente buscamos a un “experto”, alguien que tenga más conocimiento, o que tenga una mayor experiencia y que nos pueda “ayudar” en una situación determinada. Buscar a un “experto” es una acción sensata, especialmente cuando llevamos un problema a cuestas sin resolver. Sin embargo, en muchas ocasiones esta perspectiva encierra un dilema importante: estamos en “desventaja”; estamos en asimetría relacional. Entramos en un diálogo con otro que, por su experticia, fácilmente puede colocarse en una posición de poder. Esto quiere decir que el otro es quien sabe, mientras yo carezco de noción sobre lo que sucede. En ocasiones, no saber o no tener la experiencia es totalmente comprensible: no tenemos toda la información sobre el mundo ni, mucho menos, todas sus respuestas. Pero, si hablo de mi propia vida… ¿acaso aplica de la misma forma? La asimetría relacional puede llevarnos a quedar relegados a un papel secundario en la construcción de nuestra propia historia. Quedar en un rol pasivo en la construcción de nuestra vida, incluso dentro del espacio de terapia, es uno de los principales problemas que terminan afectando a las personas. Si no puedo tener voz y voto en las decisiones sobre mi vida, no puedo asumir responsabilidad por lo mío, ni reconocer el derecho que tengo a ocupar el papel protagónico en mi propia historia. Entonces, ¿a qué tengo derecho? ¿Realmente esta es mi historia? ¿Es esta mi vida? Desde este espacio se promueve una relación horizontal entre terapeuta y consultante, donde cada uno aporta su propia experiencia y conocimiento. No se imponen directrices ni se busca establecer una única “verdad”; por el contrario, se reconoce la incertidumbre como parte del proceso y se entiende el error como una oportunidad para explorar e intentar nuevas alternativas. Es un espacio de diálogo y reflexión, en el que las soluciones se construyen en equipo y donde la luz que guía es la alianza terapéutica, creada de manera conjunta para acompañar a quien consulta. Esta perspectiva desmantela la noción del terapeuta como “experto radical” quien si bien conserva su conocimiento y experiencia profesional, se sitúa en un lugar distinto, menos jerárquico. De este modo, se abre la posibilidad de reconocer al consultante en una posición más sólida y empoderada, devolviéndole su derecho y la responsabilidad sobre su propia vida.

